Se promocionaba en la marca Polar de pulsómetros, y los compré para control y estudio de mis ritmos cardíacos.
Leyendo el diferencial que me ofrecía dichos libritos, era evidente que entrenar por tiempos no era nada nuevo para mí.
Ese sistema ya me lo inculcó mi otro mentor del club Nerja de Atletismo, mi estimado amigo Carlos Salcedo, que además diseñaba las tablas semanales para todos los corredores del club: (15' cal. + (8 x 3'), por ejemplo.
Así que nada nuevo para aprender de dicho librito, y lo que yo buscaba no se encontraba ahí.
Un día leí la historia de Emile Zatopek y me quedé intrigado.
Tenía algo que representaba la equivalencia del C2 (el cuadrado de la velocidad de la luz) de mi fórmula.
Correr 25-30 kilómetros por los carriles pirenaicos tras todo el día trabajando, no lo hace cualquiera.
No iba a las carreras porque me encantaba experimentar.
Lo que encontré en montones de libros sobre entrenamiento y ritmos cardíacos resultaron ser mentiras académicas.
Los cálculos de ciertos individuos eran una falacia inventada.
Mentecatos de las universidades, sin conocimientos y mintiendo sobre los estudios que realizaron.
Los contenidos de los libros en la biblioteca especializada de atletismo contenían mucha máquina sofisticada, muchas fórmulas y ecuaciones, pero todo mentira para vender libros.
No tenían ni puñetera idea.
Sin embargo, leyendo la biografía de Zatopek había visto algo que era el complemento que le faltaba a mis fórmulas, equivalente a la de Einstein.
No creerán que leí tropecientas veces la biografía de Emile Zatopek.
Lo que buscaba estaba ahí pero no podía verlo.
Tenía la impresión que lo había vuelto a leer pero no podía ver dónde.
Me enfadé muchísimo porque mi cabeza era una discoteca donde bailaban un montón de fórmulas que se burlaban de mí.
Así que guardé un montón de fotocopias durante semanas para revisarlas cuando tuviera la mente clara.
Hasta que un día fui a entrenar una ruta circular de gran relevancia cuyos paisajes me volvían loco.
Eran tan impresionantes lo que me ofrecía a ciertas alturas, que yendo por allí me inspiré.
Se me ocurrió hacer unas series de tiradas por un tiempo relevante concreto.
Al principio le apliqué un intervalo de recuperación invariable que se tornó variable, pero no mucho, por la gran carga de esfuerzo que suponía.
Por fin pude completar mi fórmula aunque me faltaba la cuadratura.
Entendí la frase de Zatopek donde siempre me perdía.
El resultado lo obtuve sobre un recorrido de alta montaña subiendo a 2.000 metros de altitud y bajando, a lo largo de 23,6 kilómetros.
La subida como la bajada, ofrecía tiempos estratosféricos parecidos, a una velocidad de 30 kilómetros por hora de media cuyos datos no me podía creer.
Poco más de la mitad del tiempo realizado (98 minutos) sobre los 23,6 kilómetros del recorrido, corresponden a los intervalos de recuperación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario